Escrito por

Cristopher Mendoza y Duyerling Ríos

Fecha

08 de Abril 2020

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Tumarín no generó ni luz ni desarrollo

Tumarín, el proyecto hidroeléctrico más ambicioso de Nicaragua, no llevó tiempos de progreso a la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur de Nicaragua, como lo prometió la empresa Centrales Hidroeléctricas de Nicaragua (CHN), encargada de su construcción. CHN desapareció del mapa y quienes vendieron sus fincas también se fueron del lugar. Actualmente, Tumarín sigue en los planes del Ministerio de Energía y Minas, a la espera de nuevos inversionistas.

Hace diez años visitamos la comunidad de Apawás, ubicada a 360 kilómetros de Managua, capital de Nicaragua, en el municipio caribeño de la Cruz de Río Grande. Apawás era el poblado más cercano al lugar donde se planeaba construir la represa Hidroeléctrica Tumarín, públicamente presentada por el régimen de Daniel Ortega, como una de las obras de ingeniería más grande de Nicaragua, con una inversión de más de mil millones de dólares.

El proyecto debió estar en funcionamiento en febrero de 2019, pero la empresa Centrales Hidroeléctricas de Nicaragua (CHN), encargada de su construcción, desapareció del mapa. Ahora el proyecto sigue en los planes del Ministerio de Energía y Minas, a la espera de nuevos inversionistas, mientras en La Cruz de Río Grande, la población se queja del abandono estatal.

Nicaragua tiene un potencial de energía hidroeléctrica de aproximadamente 2000 MW. Actualmente, esta fuente de energía, representa el 10% de la matriz energética. Según proyecciones oficiales para el año 2030, este porcentaje debería aumentar al 40%. De acuerdo con las proyecciones del Ministerio de Energía y Minas (MEM), existen varios proyectos hidroeléctricos en etapa de estudios de factibilidad, principalmente en la cuenca del Río Grande de Matagalpa, entre ellos el Proyecto San Pedro del Norte, Boboké, Mojolka, Wanawas, Paso Real, Corriente Lira y Paraska. Tumarín continúa en planes.

Tumarín, 10 años después

El Río Grande de Matagalpa ha bajado su caudal debido a la mala administración del ecosistema. Aun así, navegar sobre su caudal, sigue siendo una experiencia inolvidable.

La brisa golpea la cara. Desde el bote, se observan cuajipales asoleándose a la orilla del río, las nutrias se asoman y se espantan al escuchar el ruido del motor; sobre las piedras, las tortugas estiran sus cuellos para alcanzar los rayos solares; las bandadas de aves sobrevuelan el paisaje o se postran en los áboles de ceibas, que han crecido en los bordes del río.

El proyecto hidroeléctrico Tumarín produciría energía eléctrica, aprovechando la fuerza de las corrientes de este río. Entre los planes estaban ahorrar más de 100 millones de dólares anuales en la compra de petróleo.

Con Tumarín, Centrales Hidroeléctricas de Nicaragua (CHN) con inversión de las empresas brasileñas, Electrobras y Queiroz Galvão, prometía apoyar la independencia energética de Nicaragua, al reducir significativamente el uso de petróleo para producir energía eléctrica. “Con Tumarín vendrán tiempos de progreso para la población de la RAAS, pero también dinamizará la economía nacional, ya que contaremos con energía limpia, ahorrativa y segura”, señala el video corporativo de CHN.

Como se dice en Nicaragua, “demasiado bueno para ser verdad”; sobre todo porque en el país impera una enorme desconfianza en los grandes megaproyectos anunciados por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Hasta la fecha ninguno se ha concretado. Por su puesto, Tumarín no fue la excepción. El 06 de abril de 2016, el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), informó que las empresas brasileñas Queiroz Galvão y Eletrobras, propietarias del 90% de Centrales Hidroeléctricas de Nicaragua (CHN), se retiraban del megaproyecto hidroeléctrico Tumarín, dejando en el limbo, dicho proyecto.

En un comunicado emitido el 25 de junio de 2016, Centrais Elétricas Brasileiras (Electrobras) informó que Centrales Hidroeléctricas de Centroamérica (CHC), vendió todas las acciones de su subsidiaria CHN, por un montón de 44.2 millones de dólares a la estatal Empresa Nicaragüense de Electricidad (ENEL) y a la Distribuidora de Electricidad del Norte S.A – DISNORTE.

Apawás quedó casi desolada

Hace diez años, Apawás era habitada por más 300 familias, dedicadas en su mayoría al comercio, la ganadería y la agricultura. Hoy en día, quedan unas ochenta familias en el caserillo, unas 250 casas están deterioradas y deshabitadas.

Imágenes tomadas en el año 2010

Imágenes tomadas en el año 2020

Las imágenes resumen dos momentos en la historia de Apawás. En 2010 era evidente el movimiento poblacional y comercial. En 2020, producto de la migración y la incertidumbre, Apawás luce desolada.

Fotos: Cristopher Mendoza-Duyerling Ríos / Onda Local

La primera vez que Onda Local visitó Apawás, hace diez años, la construcción de la represa era el principal tema de conversación en esta comunidad. No era para menos, Daniel Ortega, hacía propaganda a su favor; a la gente se les decía que Tumarín representaba una obra de grandes beneficios económicos y, por tanto, tenía un trato prioritario.

En julio de 2009, la Asamblea Nacional aprobó la Ley Especial para el Desarrollo del Proyecto Hidroeléctrico Tumarín (Ley 695). El desarrollo del proyecto energético implicaba que los territorios afectados por el embalse, serían declarados de utilidad pública y de interés social. Las familias de Apaguás, por ejemplo, debían ser reubicadas e indemnizadas.

Lo anterior motivó la organización de un grupo de comunitarios conocido como “Cooperativa Nueva Apawás” que se autoproclamaron defensores de los intereses de las y los pobladores. Dicha estructura, a falta de acuerdos con CHN, planteó una firme oposición a la construcción del megaproyecto, que por más de seis años se vio retrasado, hasta que finalmente se dio el retiro de los concesionarios, aunque el proceso de indemnizaciones ya había iniciado.

Desde aquel entonces, muy poco se ha sabido de lo que quedó del proyecto Tumarín y qué pasó con las comunidades afectadas.

Video: Bayardo Brabo, enseña su escritura y el documento que establece la compensación por su casa y propiedad.

A Bayardo José Brabo, lo conocimos en 2010, con un megáfono en la mano, invitando a la población de Apawás a ser parte de las reuniones informativas sobre el megaproyecto hidroeléctrico. Bayardo, uno de los fundadores de la “Cooperativa Nueva Apawás”, es el único de los principales dirigentes de esta organización que en la actualidad aún habita el poblado. Todavía atiende en su negocio de abarrotes (pulpería) y se ha convertido en uno de los principales líderes de las estructuras del Frente Sandinista de la localidad. Un tanto asombrado por volvernos a ver, accedió a conversar.

“Apawás, quedó en el abandono”, asegura Brabo. En el año 2015, cuando aún ejercían presiones ante los inversionistas brasileños, la comunidad pudo plantear aspectos referidos al proceso de indemnización; concluido casi en su totalidad por parte de CHN, agrega.

Según el líder comunitario, la población fue indemnizada por montos comprendidos en $1,500 y $10,000 dólares, en dependencia del estado de sus viviendas. Los comercios, además de recibir el pago por el local, recibieron otro monto para compensar las pérdidas de los negocios. “En mi caso, fueron ocho mil dólares (US$ 8,000) en indemnización por lo que es la propiedad – casa y terreno – más diez mil dólares (US$10,000) por casuales pérdidas del negocio que nosotros en ese tiempo no entendíamos…”.

Brabo menciona que con Tumarín se generó un fenómeno migratorio debido a la incertidumbre al no saber cuándo tendrían que abandonar el poblado. Esto trajo como resultado que la dinámica económica del poblado cayera casi en un 60%.

En reunión informativa, realizada el 23 de abril de 2015 entre el entonces embajador de Brasil en Nicaragua, Felipe Mendonca, funcionarios de CHN y La Comisión de Infraestructura de la Asamblea Nacional de Nicaragua (Congreso), se informó que los montos de las indemnizaciones entre pobladores afectados por el proyecto, ascendían a US$16 millones de dólares. Pobladores consultados en el lugar, coincidieron en que el proyecto afectó un promedio de 12 mil manzanas (8,460 hectáreas) de tierra y con ello unas 30 personas dueñas de esas propiedades, habrían recibido un pago de US$ 1,200 dólares por cada manzana (0.7050 hectárea) de tierra. 

Al recibir su dinero, muchos productores se fueron de la región buscando otras tierras y llevándose su ganado. Las personas que se quedaron, aunque recibieron pagos, alcanzaron acuerdos con CHN, bajo la figura de arriendos, para aprovechar las tierras mientras empezaban las obras de construcción. Pero los contratos de arriendos se vencieron en 2016 y nadie ha llegado a reclamar las tierras, ni a renovar los contratos. Las
tierras que quedaron vacías y son custodiadas por el Ejército de Nicaragua, afirman los lugareños.

Los pobladores de Apawás fueron indemnizados por sus viviendas, pero el proceso de reubicación, contemplado en el proyecto no fue completado. El poblado sería trasladado a una ciudadela llamada, “La Nueva Apawás”.

“La propiedad era de Norfran Toledo. A él le compraron un total de ochenta y cinco manzanas (59.9 hectáreas) para el nuevo poblado, el Nuevo Apawás. Pero ninguna de las 322 viviendas afectadas en el caserío de Apawás, ha sido reubicada”, Bayardo Brabo.

Casas marcadas con el logo de CHN, en señal que son propiedad de la empresa

Fotos: Duyerling Ríos / Onda Local

En 2015, funcionarios de CHN, explicaron a pobladores de Apawás que Brasil atravesaba por una difícil situación política y económica y que eso habría atrasado el inicio a la obra. En 2016 la Gerencia General de CHN, abandonó el país, dejando a un representante que en todo momento afirmó a la comunidad, que el proyecto del nuevo poblado seguía en pie. Sin embargo, desde 2016, “no hemos tenido contacto con nadie (de CHN), ni reunión con nadie del Estado de Nicaragua. ¿A quién recurrir y exigirle esasviviendas?”, cuestionó Brabo, quien además funge como dirigente político del Frente Sandinista en la localidad. El poblado desconoce que las acciones fueron vendidas a ENATREL Y DISNORTE.

Documentos firmados por pobladores y funcionarios de CHN, que hacen constar el derecho a la reposición de su vivienda en la Nueva Apawás.

Fotos: Cristopher Mendoza / Onda Local

Palpunta, el lugar donde sería el embalse principal de Tumarín

Para llegar a Palpunta, el lugar donde sería el embalse principal de Tumarín, se debe abordar un bote que navega río abajo del caserillo de Apawás, durante una hora.

En 2010, en este lugar, cuando el proyecto energético estaba en plena efervescencia vistamos la finca de Juliana González y Víctor Lira. Diez años después, no les encontramos. Donde era la casa, el monte ha crecido, en medio de los zarzales, apenas se ven algunos rastros que indican que hubo una casa de madera en el lugar. “Se fueron hace unos tres años” (2016), nos dijo Walter Padilla, el dueño del bote que nos hace el recorrido.

Imágenes tomadas en el año 2010

Imágenes tomadas en el año 2020

Las imágenes muestran un antes y un después en Palpunta, lugar en donde estaba programa la construcción del embalse de Tumarín. En 2010 Juliana González nos recibió en su casa y nos regaló agua de Coco. En 2019 ya no la encontramos a Juliana, el sitio donde era su casa no queda nada, apenas unos cuantos árboles de coco han sobrevivido.

Fotos: Duyerling Rìos – Cristopher Mendoza / Onda Local

“Dicen que, si uno no negocia con ellos, siempre nos van a quitar porque dicen que viene el catastral que no anda con babosadas”, nos dijo Víctor Lira en 2010. A él, le preocupaba no llegar a un acuerdo justo por el precio de la tierra y se llenaba de zozobra por no saber si encontraría un lugar adecuado dónde ir a vivir con su esposa y nietos.

Juliana, también en 2010, nos mostró los mojones que ubicaron en su finca “sin permiso alguno”. “Van a ocupar lo que van a ocupar, el resto de la tierra que les quede, lo van a vender a un mejor precio. No vamos lograr nada si nos sacan de aquí…”. 

Finalmente, la pareja logró que CHN les pagara por sus tierras, al precio de mil doscientos dólares (US$ 1,200 dólares) por manzana y compraron una nueva finca no muy distante de este sitio; en un lugar que no sería afectado por la inundación que generaría el embalse”, aseguró Padilla.

Walter Padilla, muchas veces acompañó a los funcionarios brasileños que supervisaban el proceso de pago de las tierras o trasladó a personal de construcción y maquinaria.

“Yo estuve aquí en este punto con una compañía que vino y estábamos perforando, poniendo mojones, haciendo algunos carriles. Anduve trabajando con ellos bastante, pasándolos de un lado al otro del río en el bote, pasando las máquinas, que tenían ellos(…) Ellos vinieron, pagaron todas las fincas, dijeron que lo iban a hacer y no sé por qué se quedó paralizado. Así se ha quedado. Dijeron que iban a reponer las casas, por eso no
nos hemos movido porque no han cumplido”, mencionó Padilla, bajo la sombra de un árbol de castaño.

Nuevamente sobre el río, a cinco minutos de Palpunta, en dirección a La Cruz de Río Grande, se encuentra la comunidad de El Coco, un poblado que ha crecido mucho en los últimos diez años. Según explican algunos pobladores que no permitieron ser entrevistados, el crecimiento del poblado se debe en gran medida al desplazamiento de personas que llegaron desde Apawás.

En este lugar, se puede observar la obra más tangible hasta la actualidad, del megaproyecto hidroeléctrico Tumarín. Se trata de una trocha de tierra, que según informó CHN, tendría una longitud de unos 48 kilómetros, construida sobre el margen derecho del río, la cual conectaría el poblado de San Pedro del Norte con la zona aledaña al embalse en Tumarín. La construcción de la trocha era responsabilidad del Gobierno de Nicaragua en un inicio del proyecto (2009), pero con la reforma a la Ley Especial para el Desarrollo del Proyecto Hidroeléctrico Tumarín (Ley 695), en 2014, pasó a ser parte de las responsabilidades de Centrales Hidroeléctricas de Nicaragua (CHN).

Comunidad El Coco en 2010

Comunidad El Coco en 2020, se puede ver trocha construida por CHN. Fotos: Cristopher Mendoza / Onda Local

En este poblado encontramos a Gregorio Gutiérrez, a quien también conocimos en Apawás hace 10 años, era el principal líder de la “Cooperativa Nueva Apawás”. Hoy en día se ve cansado, ha subido de peso y ríe de sí mismo, mientras menciona que “la edad no perdona”. En su casa, en donde tiene un negocio de molinos, una trilladora de arroz y una pulpería, contestó algunas de nuestras preguntas.

¿Qué pasó con la Cooperativa Nueva Apawás?

“Al desintegrarse todo el proyecto, los miembros se desintegraron. Unos agarraron para un lado, yo me vine para El Coco. Al desintegrarse el proyecto, nos quedamos estancados esperando”.

¿Qué pasó con las tierras?

“De esas tierras pasó a ser dueño la empresa porque todo eso fue cancelado, pero se fue. De ahí se estancó y no se siguió. Esas tierras últimamente, la estructura del Frente Sandinista, las ha estado dando a los del poblado, no sé bajo qué acuerdo. A mí me ofrecieron, pero no acepté. Dicen que es como prestada durante no hagan el proyecto de nuevo. Esa es la esperanza que ellos tienen; entre más tarde empiece el proyecto, más pueden trabajar esas tierras. Si viene un nuevo proyecto, tienen que desocupar”.

¿Qué impacto trajo este proyecto a la comunidad?

“Toda esta gente es comerciante. Hasta ahora que han venido personas que son de lugares ganaderos como de Camoapa es que han levantado un poco la ganadería, pero lo que es comercio, lo atrasaron totalmente. Apawás era un lugar bueno (para comerciar) y desde que se dieron las indemnizaciones, cada quien agarró su camino y quedaron solamente unos cuatro”.

¿Cómo valora el proceso de indemnización, lo considera justo?

“Fue irregular. Yo tenía bien, dos toneladas en maquinaria y una tortillera, la indemnizaban con 11 y 12 mil dólares. A mí, apenas me dieron 22 mil dólares, teniendo esas maquinarias. Me dijeron que lo tomaba o lo dejaba. También hubo buenas indemnizaciones; gente que no tenía casa vivían arrimaditas (posando) se les daba 11 mil dólares. Una barbería que, con costo ponían una pata de gallina (silla de madera de tres patas) para rasurar, le dieron 12 mil dólares”.

¿El gobierno les ha dicho que pasará con el proyecto?

“Aquí está ausente el Estado (…) Yo absolutamente no he mirado nada de que se vaya a seguir. Está estancado. Yo he preguntado y dicen que hasta que vengan nuevos inversionistas se podrá seguir”.

Tumarín indígena

Evército Álvarez. Cristopher Mendoza /Onda Local

Desde este lugar, en Tumarín Indígena Fotos: conversamos con Evército hace 10 años.

Para nuestra suerte, cuando salíamos de El Coco, vimos un bote de pasajeros, manejado por Evército Álvarez, a quien conocimos hace diez años. Él detuvo el bote y accedió a platicar.

Nos dijo que ya no era el síndigo (líder religioso) del Territorio de Tumarín indígena,  mayormente habitada por la etnia miskitu, ubicado aproximadamente a media hora, río abajo del lugar donde se construiría la presa hidroeléctrica.

Álvarez tiene buena memoria y de inmediato nos reconoció y rememoró la plática de hace una década. A él, le preocupaba que la represa causara daños al río y con ello, afectara la producción de peces, un golpe para su comunidad, que históricamente ha dependido de la actividad pesquera artesanal.

También lamentaba que pese a estar a escasos cuatro kilómetros del área afectada, Tumarín indígena no había sido consultado por CHN para la realización del proyecto. “Desde esa época hasta hoy no nos han platicado nada. Nosotros siempre nos reunimos cada tres meses en Bluefields o en Karawala (Caribe Sur de Nicaragua), pero información sobre la empresa nunca nos han dado (…) con los indígenas no hubo ninguna negociación. Nos prometieron que nos iban a hacer una iglesia para la comunidad, pero hasta ahí, no nos ayudaron en nada”, asegura el líder indígena.

Un aspecto que involucra a la comunidad indígena es lo que plantea la profesora y dirigente del Comité de Liderazgo Sandinista (CLS), María Teresa Cárcamo. “Las personas que se fueron a comprar fincas a otros lados, algunas las perdieron, porque se fueron a comprar creo que a zonas miskitas y esas son tierras comunales y ese dinero lo perdieron. Conozco el caso de uno de los Fernández que compró una finca en C$600 mil y perdió ese dinero”.

Apawás en el olvido

De vuelta en Apawás, visitamos la Escuelita La Esperanza, un nombre de mucho significado para la comunidad en estos años de incertidumbre. La maestra María Teresa Cárcamo Siles, es la directora de la escuela y se presenta como apoyo al Gabinete de la Familia y al Comité de Liderazgo Sandinista (CLS), como se les conoce la las estructuras del partido Frente Sandinista, actualmente en el poder.

Sobre el proyecto Tumarín, anunciado a finalizar en febrero de 2019, la docente explica que es box populi, que al territorio han llegado nuevos interesados en el proyecto, “no brasileños, sino coreanos”. Pero de esto “nadie nos ha venido a decir de manera formal”, indicó. Lo manifestado por Cárcamo Siles, podría estar relacionado con lo descrito por Walter Padilla y Gregorio Gutiérrez, quienes afirmaron que un grupo de personas de origen asiático, particularmente chinos, habrían llegado a la zona para inspeccionar el territorio con interés en el proyecto hidroeléctrico. Aunque el gobierno de Daniel Ortega, no ha mencionado nada al respecto.

Por otra parte, Cárcamo, señala un sinnúmero de situaciones que han afectado a la localidad y sus pobladores debido a la incertidumbre que genera la represa, aun sin haberse construido. Mencionó que, la alcaldía municipal de La Cruz de Río Grande, que debería atender a este poblado, no les toma en cuenta. “Lo primero que nos dicen es que Apawás va a ser inundado y no se puede invertir en algo que no existe. En la parte de educación es igual, esta escuela está deteriorada y nos dicen que no pueden invertir aquí. El año pasado teníamos un proyecto que ya tenía muchos años de estar, se iba a llevar acá una construcción de cuatro aulas de clase; y el proyecto se llevó hacia la comunidad aledaña de El Naranjo”, manifestó.

La docente afirma que lo que se vive en Apawás afecta la psicología de quienes a diario se preguntan ¿En qué momento se tendrán que ir? o ¿cuánto tiempo les queda en ese lugar? “Hemos vivido 10 años con esas preguntas, creo que nos falta más…”, mencionó María Teresa, quien además demandó al gobierno de Ortega, dotar al poblado de Apawás de condiciones mínimas para la vida como vías de acceso, agua potable, saneamiento y energía eléctrica.

Parajes naturales y petroglifos, símbolos grabados en piedras por nuestros ancestros, sobre la ribera del Río Grande de Matagalpa. Estos sitios podrían desaparecer con la construcción de la represa Tumarín. Fotos: Duyerling Ríos / Onda Local

Lo que no saben en Apawás es que les queda otra década de incertidumbre, como mínimo, sin saber qué pasará con el poblado, ni adónde irán, sin ser beneficiaros de algún proyecto, a la espera de que el proyecto de haga realidad. La Central Hidroeléctrica Tumarín sigue en los planes del Ministerio de Energía y Minas (MEM) que hareprogramado el inicio de la obra para enero de 2030, para que supuestamente este listo en 2033.

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